El olor a tabaco que emanaba su piel, su aliento a alcohol pasando las dos de la mañana, la llovizna que aterrizaba sigilosamente en su corto y obscuro pelo.
Su ojos achinados por el cansancio, su boca relatando viejos testimonios de algún ayer donde no estuve. Su risa al notar que no modulaba muy bien.
Observaba cada gesto que hacia y escuchaba atentamente todo lo que decía, no creía que estaba ahí, frente a mi, a tan solo unos centímetros.
Ese olor al tabaco y el alcohol de sus labios acercándose a los míos, sabia que si llegaba a probar una vez mas, iba a volver mi adicción, esa adicción a sus besos de la cual jamas me cure.
Pero así como un cigarro desasiéndose por el fuego lenta y rápidamente entre sus manos; era mi boca junto a la suya, un beso que se deshacía lenta y rápidamente para volverse adictivo.
¿Que mas podía perder? era una madrugada de lluvia, (esa lluvia que se hizo nuestra en cada fecha de encuentro) un fantasma de festejo y un final confuso y sin conclusión.
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